Pacific! debutó en el país con el pie derecho: sea en jet privado, clase turista o a dedo, los suecos aterrizaron en Buenos Aires para presentar temas de sus dos discos de estudio: Reveries, un álbum luminoso y lleno de ganchos poperos y Narcissus, placa conceptual que se sumerge en la mitología griega y en historias de amores no correspondidos.
Benito Cerati sirvió de entrada con un show con matices ochentosos, apoyado en Leandro Fresco en programaciones y sin decir mucho al público. Así que vestidos religiosamente de blanco, con capuchas que recordaban al temible KKK y pasadas las 22, los suecos tomaron la posta, salieron a escena y la hipnótica Ramble On comenzó a sonar. Si bien la banda en ambos trabajos discográficos hace uso de una estética retro-futurista, su vivo es otra cosa: Pacific! se convierte en un trío y es ahí cuando la cosa toma otro color. Utilizando secuencias, percusión y sonidos lúdicos que dispara el baterista, el dúo se basa en sus guitarras pero siempre apoyándose en la base rítmica que hace la diferencia. Pasando por el rock, el disco, el funk y el ambient, la banda tiene una potencia totalmente auténtica y directa en el escenario, deja un poco de lado la esencia robótica o daft-punkeana que tanto la caracteriza y se acerca al sonido de bandas como Peter, Bjorn & John.
Románticamene ambigua, Pacific! coquetea con la comodidad musical, obligando al público a ubicarse dentro de la propuesta pero siempre invitando a mover el cuerpo. Con una puesta básica pero aprovechando los ladrillos del antro palermitano, la banda se mostro ajustada, segura, disfrutando del momento y regalando tanto melodías agridulces, como sonidos que dan la bienvenida al paraíso. Está claro: los suecos no hacen demagogia. Sus integrantes no usan camisetas de nuestra selección ni comentan cuán linda es nuestra ciudad; tocan y se van.
Con un Niceto sin colmar su capacidad total, el público pudo disfrutar tranquilamente las canciones de Daniel Högberg y Björn Synneby que, sumados a un batero que fue el reloj de la noche, tocaron con intensidad alrededor de una hora y media y alcanzaron puntos altos en Number One, la instrumental Runway to Elsewhere , Love isn’t Always on Time y Disappear, hit que le dedicaron a Gustavo Cerati, admirador confeso de los europeos que, estáticos, nunca se fueron de sus lugares ni fueron demasiado vistozos.
El público fue genuino, joven y tenía ganas de estar ahí. Se mostró calmo y un poco ansioso, pero nunca realmente exaltado, como si fuese música para levitar, volada y creada por seres de algún lugar lejano. La realidad es que Pacific! no hace música del más allá, sino canciones simples, para nada vuelteras, pero repletas de colores, cosa que sus integrantes saben y aprovechan. El show terminó pacificamente y lo curioso fue que, viniendo de un país con la mayor tasa de suicidios en el mundo, Pacific! no haya tenido problemas en abrir su valija llena de emociones para todos.

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