viernes, 17 de junio de 2011

Lisandro Aristimuño en Niceto

    La nave musical comandada por Lisandro Aristimuño y sus Azules Turquesas zarpó el viernes a la noche hacia vaya saber uno donde. Con un Niceto convertido en antro bohemio, la banda tocó ante un boliche repleto de espectadores sub-30, parejitas felices y algún que otro grandulón fanático. El show arrancó pasadas las 21 con ABC, primer tema del último disco (doble) apodado Las Crónicas del Viento y el público se encendió de entrada.

    La banda se siente cómoda en su totalidad, exprimiendo al mango el talento y buen gusto de cada uno de sus integrantes. Repasan grandes temas de la discografía del músico de Viedma, entre los que se incluyen Para Vestirte Hoy y El Plástico de tu Terfume -una canción tan tanguera como folclórica que forma parte de 39°-, sumado a la festiva Anochecer y La Última Prosa, de Ese Asunto de la Ventana. También se interpretan temas de su primer disco, Azules Turquesas, y una buena cantidad de Las Crónicas del Viento. Las canciones suenan arregladísimas pero cómodas, apoyadas en una gran sección de cuerdas y en una sólida base rítmica de batería.
    Lisandro Aristimuño parece haber curtido una gran cantidad de música, no sólo de la Argentina, sino de todo el globo terráqueo. A veces se asemeja a Radiohead, por momentos a Jorge Drexler, y en otros a un gran artista nipón llamado Shugo Tokumaru, con quien en el mundo cósmico, estoy seguro, debe estar conectado. Si pueden escuchen Exit, disco editado durante el 2008.
Volviendo a Aristimuño, además de todo el talento que lleva consigo se debe sumar el árduo trabajo y la idea de creer que siempre hay más por explorar -luego, claro, llevarla a cabo-. Gustos son gustos, claro está, pero al momento de apreciar las canciones simples –por más sonidos agregados, loops y demás que tengan- se lo debe citar si o si, más en este momento, en el que lo que falta son artistas que hagan eso: canciones simples, que peguen bien hondo en el oído, tanto por sus melodías como por sus letras, otro punto en el que se destaca.
    Con un show que duró alrededor de dos horas, Lisandro Aristimuño y Azules Turquesas –cellos, violín, batería, percusión y otras yerbas- hicieron que el tiempo se pase volando. A esta altura lo que se debe decir del músico del sur ya lo han dicho varios: es el artista más fresco de la escena nacional por lejos, capaz de mezclar folclore con rock y electrónica con música de los rincones del país. Quienes también proponen estas mezclas son varios, pero no llegan a concretarlas de esta manera.
    Aristimuño fue y será un inquieto, destinado a jugar con la música de cualquier forma que se pueda imaginar, y ese es su encanto. El viernes nuevamente confirmó esa sensación: es un artista que parece sentirse feliz en la búsqueda musical, en la reinvención, disfrutando a más no poder cada momento. Es como si aún fuera un niño con juguetes nuevos por estrenar, pero con todo lo que el paso del tiempo le obsequió. A todas sus canciones se las escucha renovadas, con partes agregadas, improvisaciones, extensiones y chiches musicales de todos los colores. Es decir, un set-list repleto de arreglos lúdicos y un compositor fascinado con la música y los sonidos. ¿Visionario? Seguro.
    Niceto parece calmo pero satisfecho, en armonía. Todos dentro de una burbuja calida e ímtima, sin saber que afuera el frió y la lluvia habían ganado la batalla . Elegimos bien: afuera, el agua, y adentro, un hogar, dulce hogar.

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