Depeche Mode lanza en el 2001 el disco más romántico de su carrera: Exciter. Con una habilidad sorprendente para reeinventarse, la banda resurge luego de Ultra, un disco híper industrial que marcó el final de una época y el comienzo de otra: el cruce entre la electrónica y el rock -y la última gran era de MTV- . Personalmente Ultra no termina de cerrarme ya que abusa de climas musicales un tanto hostiles. Exciter, por el contrario, me exalta. Visionarios como de costumbre, el disco abre con Dream On, una especie de folktronic en la que muestran lo que vendría años después, con su clásica concepción sobre el placer y la vida: ´´pain is ready, pain is waiting´´.
Exciter tiene grandes canciones, de verdad. Basándose en la música ambiental, la banda no hace más que expandir su potencial a lo largo del LP, ya que nos topamos con joyas como la íntima Shine o con When the body speaks, una canción con alma propia, con tensión y repleta de carga sexual. Es, quizás, el mejor tema del disco y posiblemente uno de los mejores en la carrera de la banda. En The death of night la banda parece un ejército a punto de atacar, con sintetizadores y baterías aptos para marcar el avance de las tropas malvadas de El Señor de los Anillos. Freelove nos retrotrae a los noventa: una balada electrónica mezclada con guitarras arpegiadas que, a mi juicio, hacen acordar al Radiohead de In Rainbows.
El tema bailable y otro de los singles es I feel loved, una bomba electrónica de comienzos de siglo, auténtica y densa, que reúne todos los ingredientes : lo industrial, el romance, los beats inamovibles y la potencia de la voz de Gahan. La volada Goodnight lovers, por otro lado, declara el amor por Brian Eno, y recuerda que para amar hay que entregarse al sufrimiento: ´´i´ll be waiting in line´´. Con coros a lo George Michael gospelizado, la canción cierra un disco redondísimo.
Lo importante acá es el poder curativo de la banda para consigo mismo. A Gahan se lo nota más apasionado -incluso más que en Paper Monsters, su disco solista del 2003- y la estética tanto músical como en general comienza a tener, bueno...colores. Hasta Ultra le venían dando duro y parejo al sepia y al blanco y negro, monotonía que se altera por completo a partir de este disco, teniendo como tapa la foto de un cactus verde. Los adjetivos que tengamos para Depeche Mode pueden ser muchos, pero en este disco se suma uno impensado: luminoso,que en armonía con sus rasgos de siempre, arman un disco realmente excitante.
Depeche Mode - Exciter en 320KBPS
jueves, 30 de junio de 2011
viernes, 24 de junio de 2011
Pacific! en Niceto!
Pacific! debutó en el país con el pie derecho: sea en jet privado, clase turista o a dedo, los suecos aterrizaron en Buenos Aires para presentar temas de sus dos discos de estudio: Reveries, un álbum luminoso y lleno de ganchos poperos y Narcissus, placa conceptual que se sumerge en la mitología griega y en historias de amores no correspondidos.
Benito Cerati sirvió de entrada con un show con matices ochentosos, apoyado en Leandro Fresco en programaciones y sin decir mucho al público. Así que vestidos religiosamente de blanco, con capuchas que recordaban al temible KKK y pasadas las 22, los suecos tomaron la posta, salieron a escena y la hipnótica Ramble On comenzó a sonar. Si bien la banda en ambos trabajos discográficos hace uso de una estética retro-futurista, su vivo es otra cosa: Pacific! se convierte en un trío y es ahí cuando la cosa toma otro color. Utilizando secuencias, percusión y sonidos lúdicos que dispara el baterista, el dúo se basa en sus guitarras pero siempre apoyándose en la base rítmica que hace la diferencia. Pasando por el rock, el disco, el funk y el ambient, la banda tiene una potencia totalmente auténtica y directa en el escenario, deja un poco de lado la esencia robótica o daft-punkeana que tanto la caracteriza y se acerca al sonido de bandas como Peter, Bjorn & John.
Románticamene ambigua, Pacific! coquetea con la comodidad musical, obligando al público a ubicarse dentro de la propuesta pero siempre invitando a mover el cuerpo. Con una puesta básica pero aprovechando los ladrillos del antro palermitano, la banda se mostro ajustada, segura, disfrutando del momento y regalando tanto melodías agridulces, como sonidos que dan la bienvenida al paraíso. Está claro: los suecos no hacen demagogia. Sus integrantes no usan camisetas de nuestra selección ni comentan cuán linda es nuestra ciudad; tocan y se van.
Con un Niceto sin colmar su capacidad total, el público pudo disfrutar tranquilamente las canciones de Daniel Högberg y Björn Synneby que, sumados a un batero que fue el reloj de la noche, tocaron con intensidad alrededor de una hora y media y alcanzaron puntos altos en Number One, la instrumental Runway to Elsewhere , Love isn’t Always on Time y Disappear, hit que le dedicaron a Gustavo Cerati, admirador confeso de los europeos que, estáticos, nunca se fueron de sus lugares ni fueron demasiado vistozos.
El público fue genuino, joven y tenía ganas de estar ahí. Se mostró calmo y un poco ansioso, pero nunca realmente exaltado, como si fuese música para levitar, volada y creada por seres de algún lugar lejano. La realidad es que Pacific! no hace música del más allá, sino canciones simples, para nada vuelteras, pero repletas de colores, cosa que sus integrantes saben y aprovechan. El show terminó pacificamente y lo curioso fue que, viniendo de un país con la mayor tasa de suicidios en el mundo, Pacific! no haya tenido problemas en abrir su valija llena de emociones para todos.
Benito Cerati sirvió de entrada con un show con matices ochentosos, apoyado en Leandro Fresco en programaciones y sin decir mucho al público. Así que vestidos religiosamente de blanco, con capuchas que recordaban al temible KKK y pasadas las 22, los suecos tomaron la posta, salieron a escena y la hipnótica Ramble On comenzó a sonar. Si bien la banda en ambos trabajos discográficos hace uso de una estética retro-futurista, su vivo es otra cosa: Pacific! se convierte en un trío y es ahí cuando la cosa toma otro color. Utilizando secuencias, percusión y sonidos lúdicos que dispara el baterista, el dúo se basa en sus guitarras pero siempre apoyándose en la base rítmica que hace la diferencia. Pasando por el rock, el disco, el funk y el ambient, la banda tiene una potencia totalmente auténtica y directa en el escenario, deja un poco de lado la esencia robótica o daft-punkeana que tanto la caracteriza y se acerca al sonido de bandas como Peter, Bjorn & John.
Románticamene ambigua, Pacific! coquetea con la comodidad musical, obligando al público a ubicarse dentro de la propuesta pero siempre invitando a mover el cuerpo. Con una puesta básica pero aprovechando los ladrillos del antro palermitano, la banda se mostro ajustada, segura, disfrutando del momento y regalando tanto melodías agridulces, como sonidos que dan la bienvenida al paraíso. Está claro: los suecos no hacen demagogia. Sus integrantes no usan camisetas de nuestra selección ni comentan cuán linda es nuestra ciudad; tocan y se van.
Con un Niceto sin colmar su capacidad total, el público pudo disfrutar tranquilamente las canciones de Daniel Högberg y Björn Synneby que, sumados a un batero que fue el reloj de la noche, tocaron con intensidad alrededor de una hora y media y alcanzaron puntos altos en Number One, la instrumental Runway to Elsewhere , Love isn’t Always on Time y Disappear, hit que le dedicaron a Gustavo Cerati, admirador confeso de los europeos que, estáticos, nunca se fueron de sus lugares ni fueron demasiado vistozos.
El público fue genuino, joven y tenía ganas de estar ahí. Se mostró calmo y un poco ansioso, pero nunca realmente exaltado, como si fuese música para levitar, volada y creada por seres de algún lugar lejano. La realidad es que Pacific! no hace música del más allá, sino canciones simples, para nada vuelteras, pero repletas de colores, cosa que sus integrantes saben y aprovechan. El show terminó pacificamente y lo curioso fue que, viniendo de un país con la mayor tasa de suicidios en el mundo, Pacific! no haya tenido problemas en abrir su valija llena de emociones para todos.
jueves, 23 de junio de 2011
Paul McCartney II, su disco más porrero...
Paul McCartney es muchas cosas: una vieja conchuda pero también un genio extraordinario, y eso nadie lo puede negar. Menos macho que Lennon, Paul siempre sacó a relucir cuanto sabía de música, incluso hoy en día lo sigue hacendo, pero lo genial es que realmente tiene con que, y un montón. McCartney II es el álbum con el que el beattle volvió al ruedo solista, luego de casi diez años de actividad junto a los Wings, así que supuso un cambio un tanto abrupto en el estilo de música que venía haciendo: todos los intrumentos los tocó el. El disco entero es suyo y hace muchos experimentos con el, no hay más que decir. Entrando en la década de los sintes, II tiene mucho de eso, si, pero también tiene las clásicas melodías solemnes y su impronta se pasea de la sala al comedor.
Coming Up es el primer single y el track con el que abre el disco. Se acerca al estilo de los Talking Heads, bien derechita, divertida, simpática y bailable. Temporary Secretary es una demencia electrónica, pura. Con unos sintes bipolares, bata simple, guitarras acústicas y líneas de bajo ajustadísimas, la voz de Paul suena fresca y lúdica. En On the way y Nobody knows se acerca a esos huevos que tenía Lennon, a la crudeza o simpleza de la música, se podría decir. Canciones que merecen cierta suciedad para lograr el verdadero cometido. Front Parlour es una intro de videojuego ochentoso, En Summer´s Day Song están los cuatro fantásticos, es un himno tremendo. Bogey Music cabalga por tabernas estadounidenses, Darkroom es ambiental, mística y sensual, y Check my machine es un dub delirante con sonidos juguetones, y que jamás parece terminar.
La prensa no respondió muy bien a este disco, pero bueno, no siempre se puede dejar a todos contentos, no? Asumo que la experimentación llevada a cabo en McCartney II hizo ruido en aquel momento, ya que irrumpió con lo hecho por Paul hasta ese momento.
Aquí, video y link al disco en 320:
Paul McCartney II
viernes, 17 de junio de 2011
Gorillaz, primer disco
Gorillaz posiblemente sea una de las bandas más grandes del mundo, pero no solamente por ser una de las más convocantes, sino porque es una de las más valiosas, musicalmente hablando, hace varios años ya. Luego de que Blur sacara un buen último disco-Think Tank- D. Albarn decide, en 1998 y gracias a la inciativa de un tal Jamie Hewllett, armar un proyecto musical basado en las aventuras de cuatro caricaturas.
La cuestión es que Gorillaz sale al mercado siendo una ´´banda de dibujitos animados´´ que tocan hip-hop, tienen melodías pegajozas, son melancólicos pero te hacen bailar. ¡Que mezcla!. Un gran pastiche pop, un grupo de talentosos que se animan a invitar en canciones tanto a Lou Reed como a Ibrahim Ferrer, y que siguen dando cátedra hoy en día.
Gorillaz (Gorillaz, el álbum) es lo más parecido a lo hecho por Albarn anteriormente, pero es el que más me gusta. Es totalmente brit y hitero, si. Y es el más whitey de los discos, ya que luego la banda se arrima cada vez más a los ritmos negros.
5/4 invita a la hipnósis, con guitarras tremendamente Blur y la voz de Albarn practicamente agonizando. Tomorrow comes today hace uso de una atmósfera apocalíptica, solitaria y densa. Clint Eastwood es lo que más se asimila a lo creado por Gorillaz ultimamente: raperos y cosmopolitismo. Hit indiscutible, la canción fue la que llevo a la banda a la fama. En Man research, Albarn parece un Marley burgués y europeo, acercándose al dub sin mucha dificultad. Rock tha house es del palo de Clint...y hace uso del mismo rapero: Del tha Funke Homosapien. La canción, incluso, es más entradora y seductora, con flautas y pianos latinos en el estribillo. Latin Simone, perlita del disco, ahoga penas en mojitos cubanos de la mano de I. Ferrer, eminencia de la música popular de aquel país perdido en el tiempo.
Este es el disco más Albarn de los cuatro, el más lúdico y el más infantil,. Y además es el disco que irrumpe en MTV con un video de monos zombies sedientos de baile violento. Algo más?
Descargue aquí, usted!
Lisandro Aristimuño en Niceto
La nave musical comandada por Lisandro Aristimuño y sus Azules Turquesas zarpó el viernes a la noche hacia vaya saber uno donde. Con un Niceto convertido en antro bohemio, la banda tocó ante un boliche repleto de espectadores sub-30, parejitas felices y algún que otro grandulón fanático. El show arrancó pasadas las 21 con ABC, primer tema del último disco (doble) apodado Las Crónicas del Viento y el público se encendió de entrada.

La banda se siente cómoda en su totalidad, exprimiendo al mango el talento y buen gusto de cada uno de sus integrantes. Repasan grandes temas de la discografía del músico de Viedma, entre los que se incluyen Para Vestirte Hoy y El Plástico de tu Terfume -una canción tan tanguera como folclórica que forma parte de 39°-, sumado a la festiva Anochecer y La Última Prosa, de Ese Asunto de la Ventana. También se interpretan temas de su primer disco, Azules Turquesas, y una buena cantidad de Las Crónicas del Viento. Las canciones suenan arregladísimas pero cómodas, apoyadas en una gran sección de cuerdas y en una sólida base rítmica de batería.
Lisandro Aristimuño parece haber curtido una gran cantidad de música, no sólo de la Argentina, sino de todo el globo terráqueo. A veces se asemeja a Radiohead, por momentos a Jorge Drexler, y en otros a un gran artista nipón llamado Shugo Tokumaru, con quien en el mundo cósmico, estoy seguro, debe estar conectado. Si pueden escuchen Exit, disco editado durante el 2008.
Volviendo a Aristimuño, además de todo el talento que lleva consigo se debe sumar el árduo trabajo y la idea de creer que siempre hay más por explorar -luego, claro, llevarla a cabo-. Gustos son gustos, claro está, pero al momento de apreciar las canciones simples –por más sonidos agregados, loops y demás que tengan- se lo debe citar si o si, más en este momento, en el que lo que falta son artistas que hagan eso: canciones simples, que peguen bien hondo en el oído, tanto por sus melodías como por sus letras, otro punto en el que se destaca.
Con un show que duró alrededor de dos horas, Lisandro Aristimuño y Azules Turquesas –cellos, violín, batería, percusión y otras yerbas- hicieron que el tiempo se pase volando. A esta altura lo que se debe decir del músico del sur ya lo han dicho varios: es el artista más fresco de la escena nacional por lejos, capaz de mezclar folclore con rock y electrónica con música de los rincones del país. Quienes también proponen estas mezclas son varios, pero no llegan a concretarlas de esta manera.
Aristimuño fue y será un inquieto, destinado a jugar con la música de cualquier forma que se pueda imaginar, y ese es su encanto. El viernes nuevamente confirmó esa sensación: es un artista que parece sentirse feliz en la búsqueda musical, en la reinvención, disfrutando a más no poder cada momento. Es como si aún fuera un niño con juguetes nuevos por estrenar, pero con todo lo que el paso del tiempo le obsequió. A todas sus canciones se las escucha renovadas, con partes agregadas, improvisaciones, extensiones y chiches musicales de todos los colores. Es decir, un set-list repleto de arreglos lúdicos y un compositor fascinado con la música y los sonidos. ¿Visionario? Seguro.
Niceto parece calmo pero satisfecho, en armonía. Todos dentro de una burbuja calida e ímtima, sin saber que afuera el frió y la lluvia habían ganado la batalla . Elegimos bien: afuera, el agua, y adentro, un hogar, dulce hogar.

La banda se siente cómoda en su totalidad, exprimiendo al mango el talento y buen gusto de cada uno de sus integrantes. Repasan grandes temas de la discografía del músico de Viedma, entre los que se incluyen Para Vestirte Hoy y El Plástico de tu Terfume -una canción tan tanguera como folclórica que forma parte de 39°-, sumado a la festiva Anochecer y La Última Prosa, de Ese Asunto de la Ventana. También se interpretan temas de su primer disco, Azules Turquesas, y una buena cantidad de Las Crónicas del Viento. Las canciones suenan arregladísimas pero cómodas, apoyadas en una gran sección de cuerdas y en una sólida base rítmica de batería.
Lisandro Aristimuño parece haber curtido una gran cantidad de música, no sólo de la Argentina, sino de todo el globo terráqueo. A veces se asemeja a Radiohead, por momentos a Jorge Drexler, y en otros a un gran artista nipón llamado Shugo Tokumaru, con quien en el mundo cósmico, estoy seguro, debe estar conectado. Si pueden escuchen Exit, disco editado durante el 2008.
Volviendo a Aristimuño, además de todo el talento que lleva consigo se debe sumar el árduo trabajo y la idea de creer que siempre hay más por explorar -luego, claro, llevarla a cabo-. Gustos son gustos, claro está, pero al momento de apreciar las canciones simples –por más sonidos agregados, loops y demás que tengan- se lo debe citar si o si, más en este momento, en el que lo que falta son artistas que hagan eso: canciones simples, que peguen bien hondo en el oído, tanto por sus melodías como por sus letras, otro punto en el que se destaca.
Con un show que duró alrededor de dos horas, Lisandro Aristimuño y Azules Turquesas –cellos, violín, batería, percusión y otras yerbas- hicieron que el tiempo se pase volando. A esta altura lo que se debe decir del músico del sur ya lo han dicho varios: es el artista más fresco de la escena nacional por lejos, capaz de mezclar folclore con rock y electrónica con música de los rincones del país. Quienes también proponen estas mezclas son varios, pero no llegan a concretarlas de esta manera.
Aristimuño fue y será un inquieto, destinado a jugar con la música de cualquier forma que se pueda imaginar, y ese es su encanto. El viernes nuevamente confirmó esa sensación: es un artista que parece sentirse feliz en la búsqueda musical, en la reinvención, disfrutando a más no poder cada momento. Es como si aún fuera un niño con juguetes nuevos por estrenar, pero con todo lo que el paso del tiempo le obsequió. A todas sus canciones se las escucha renovadas, con partes agregadas, improvisaciones, extensiones y chiches musicales de todos los colores. Es decir, un set-list repleto de arreglos lúdicos y un compositor fascinado con la música y los sonidos. ¿Visionario? Seguro.
Niceto parece calmo pero satisfecho, en armonía. Todos dentro de una burbuja calida e ímtima, sin saber que afuera el frió y la lluvia habían ganado la batalla . Elegimos bien: afuera, el agua, y adentro, un hogar, dulce hogar.
miércoles, 15 de junio de 2011
Beck - Sea Change

Escribir sobre Beck no es tarea sencilla. Revisando tanto su discografía como lo que ha hecho como productor se nota que no es más de lo mismo, más allá de que a uno le guste o no. Recostado generalmente sobre sonidos callejeros, el noise-pop o el hip hop, aquí Beck, saboreando claramente una ruptura sentimental o algo por el estilo, se lanza a si mismo con un disco tremendamente íntimo, precioso y que se opone, pero con buena convivencia, a lo creado anteriormente.
Con una mano bastante grande del gran Nigel Godrich -productor, entre otros, de Radiohead en OK Computer y demás-, el disco es introspectivo, oscuro pero a la vez lumninoso y víctima total de la contradicción humana: pasar de Lonesome tears a Lost cause es un claro ejemplo. Con un gran trabajo en los arreglos de violines y violonchelos, Sea Change tiene atmósfera, una potencia bárbara y brilla por si solo.
Ayer, hablando con amigos de Morrisey, decíamos que su lírica, su poesía, era simple y efectiva y que hay ciertos sentimientos que se expresan mejor sin rodeos y que el ex-Smith era uno de los mejores en ese sentido. Aquí, Beck se despoja de todo surrealismo y se expresa directamente sobre el papel, llenándolo con miserias y falsos estados de bienestar. En Guess I´m doing fine Beck declara: ´´It's only lies that I'm living, it's only tears that I'm crying, it's only you that I'm losing, Guess I'm doing fine´´.
La hipnósis disonante de Sunday Sun se convierte en violencia pura para el final, y en Round the bend Beck le declara su amor al gran Nick Drake. En un acto de sinceridad Lost cause admite: ´´i´m tired of fighting, fighting for a lost cause´´. Con esta clase de sentencias se van a encontrar a lo largo de Sea Change, un disco que demuestra la visión del artista del country, el folk y sobre todo, de la soledad.
Hoy que llueve, que no está lindo y que recién empieza la semana, estamos todos más o menos igual.
Beck y su Sea Change, aquí abajo!
Beck - Sea Change
Cut Copy en Crobar: cobertura
Cut Copy llegó a Buenos Aires con la excusa de presentar su último material de estudio llamado Zonoscope y se dio el gustito de llenar un Crobar que, repleto de extranjeros capaces de pagar una suma abultada por la entrada, no tuvo problema en alojar a una banda que necesita tocar en clubes para plasmar todo su carisma.
Justo cuando la gente comenzaba a impacientarse, el show arrancó llegada la medianoche con Visions –intro- y Nobody Lost, Nobody Found, tema disco de la nueva era perteneciente al segundo álbum de la banda In Ghost Colours, de donde se eligieron alrededor de seis canciones para la lista. Luego fue el turno de So Haunted y aquí los músicos demostraron toda su potencia, acercándose a bandas como Midnight Juggernauts o The Presets. Batucada de por medio llegó Corner of the Sky, un tema que bien podría estar en el soundtrack de Avatar.
La banda tuvo un sonido impecable, rindió tributo a los ochentas, los sintetizadores, la música dance y el beat en negras. Cut Copy se basa en el ajustadísimo y tremendo sonido de la batería y en la presencia de su líder y cantante Dan Withford que, aunque se ubica en el centro del escenario, se divierte en todos los sectores. Pero no podemos pasar por alto a Tim Hoey, guitarrista y multiinstrumentista, quien hace y deshace a su antojo: subido al bombo de la batería, dándole a los diferentes tipos de percusión que fueron apareciendo a lo largo de la noche, a los teclados o destrozando su guitarra.
El grupo ambientó la noche de una discoteca a la perfección, pero eso no quiere decir que sea un espectáculo de rock: a veces parece faltarle un empujoncito más para hacer explotar todo y esto se debe básicamente a sus elecciones musicales. Light & Music despertó totalmente al público y Take me Over mostró el lado más popero y menos experimental de la banda.
Después continuaron con Pharaohs & Pyramids, un tema que llenó el espacio haciéndose cada vez más gigante. Hearts on Fire, por otro lado, hizo uso de guitarras bien The Cure o New Order y le dio lugar a Sun God, que demostró el interés de la banda por Depeche Mode y las décadas pasadas al grito de: “You got to live, you got to die, so what´s the purpose of you and I”.
Con ganas de más -bastante más- la gente se inquietó lo necesario para que Cut Copy salga a escena con más pólvora sintética: Need You Now reinició el show dándole aire y agitando al público con los clásicos coros de la banda –la mayoría interpretados por Hoey- y entonando la frase célebre de la canción: “I know we´re going crazy but i need you now”. Sabiendo que el final era inminente, todos se soltaron con Out There on the Ice, otro tema estandarte de In Ghost Colours y Crobar se volvió una fiesta. Quizás haya faltado algún que otro tema, como Future, Feel the Love o Where I’m Going, pero eso ya es otra historia.
Los australianos se mostraron contentísimos con su primera visita al “mejor país para tocar en vivo”; sonaron precisos de acá a la luna y todos bailaron cual llegada del rey sol.
Justo cuando la gente comenzaba a impacientarse, el show arrancó llegada la medianoche con Visions –intro- y Nobody Lost, Nobody Found, tema disco de la nueva era perteneciente al segundo álbum de la banda In Ghost Colours, de donde se eligieron alrededor de seis canciones para la lista. Luego fue el turno de So Haunted y aquí los músicos demostraron toda su potencia, acercándose a bandas como Midnight Juggernauts o The Presets. Batucada de por medio llegó Corner of the Sky, un tema que bien podría estar en el soundtrack de Avatar.
La banda tuvo un sonido impecable, rindió tributo a los ochentas, los sintetizadores, la música dance y el beat en negras. Cut Copy se basa en el ajustadísimo y tremendo sonido de la batería y en la presencia de su líder y cantante Dan Withford que, aunque se ubica en el centro del escenario, se divierte en todos los sectores. Pero no podemos pasar por alto a Tim Hoey, guitarrista y multiinstrumentista, quien hace y deshace a su antojo: subido al bombo de la batería, dándole a los diferentes tipos de percusión que fueron apareciendo a lo largo de la noche, a los teclados o destrozando su guitarra.
El grupo ambientó la noche de una discoteca a la perfección, pero eso no quiere decir que sea un espectáculo de rock: a veces parece faltarle un empujoncito más para hacer explotar todo y esto se debe básicamente a sus elecciones musicales. Light & Music despertó totalmente al público y Take me Over mostró el lado más popero y menos experimental de la banda.
Después continuaron con Pharaohs & Pyramids, un tema que llenó el espacio haciéndose cada vez más gigante. Hearts on Fire, por otro lado, hizo uso de guitarras bien The Cure o New Order y le dio lugar a Sun God, que demostró el interés de la banda por Depeche Mode y las décadas pasadas al grito de: “You got to live, you got to die, so what´s the purpose of you and I”.
Con ganas de más -bastante más- la gente se inquietó lo necesario para que Cut Copy salga a escena con más pólvora sintética: Need You Now reinició el show dándole aire y agitando al público con los clásicos coros de la banda –la mayoría interpretados por Hoey- y entonando la frase célebre de la canción: “I know we´re going crazy but i need you now”. Sabiendo que el final era inminente, todos se soltaron con Out There on the Ice, otro tema estandarte de In Ghost Colours y Crobar se volvió una fiesta. Quizás haya faltado algún que otro tema, como Future, Feel the Love o Where I’m Going, pero eso ya es otra historia.
Los australianos se mostraron contentísimos con su primera visita al “mejor país para tocar en vivo”; sonaron precisos de acá a la luna y todos bailaron cual llegada del rey sol.
lunes, 13 de junio de 2011
Wilco cumbre
Luego de Summerteeth, un disco popero, bastante simple y efectivo, Wilco se despacha con Yankee Hotel Foxtrot, un conjunto de canciones que desafía todo lo hecho por la banda hasta ese momento y que supone un cambio radical en la historia de la misma: debido a las constantes peleas entre Jay Bennett (guitarrista que se oponía a las opiniones de Jim O´ Rourke, productor y ex miembro de S. Youth) y el resto de Wilco, se decide despedirlo, sumándose al ingreso del baterista Kotche por Coomer, asunto que se nota claramente al comparar los discos anteriores con Yankee...
La cuestión es que Wilco hasta ese momento venía coqueteando con el country, la música alternativa, el pop y el rock placenteramente y con resultados más que positivos, pero no tanto consigo mismo. Entonces es aquí cuando la banda, creo, se libera totalmente y saca un disco tremendo, con canciones realmente sublimes y profundas en las que la disonancia va de la mano con las melodías armoniosas y el noise cobija a las miserias de Jeff Tweedy, líder de la banda.
Otro punto importante es que, al momento de cerrar tratos, la compañía de la banda (un brazo de la Warner) decide que el disco no es lo suficientemente comercial, obligando así a que los músicos consigan, con el material en manos, techo en otro lugar: Nonseuch Records, otra rama de la misma disquera. El disco realmente no es comercial, no es masivo, y más aún teniendo a Summerteeth atrás, pero que curioso será el mundo que, hasta la fecha, Yankee...es el LP más vendido de la banda.
En fin, para ir resumiendo, cabe destacar la importancia de ciertas canciones: I´m trying to break your heart demuestra la melancólica agonía de Tweedy y el valor de Kotche al mando de la bata, sin una base muy regular pero tremendamente inquieta, con potencia y creada quizás desde un punto de vista más complejo. Unos tracks más adelante llega la joya apodada Jesus, etc: una especie de manta para abrigarse en invierno (´´you can come back anytime you want´´), adornada por exquisitos arreglos de cuerdas . Heavy metal drummer se despacha con la mezcla entre la base rítimca electrónica, el recuerdo de Tweedy por los tiempos vividos, y las guitarras acústicas, conviertiéndose en el tema más popero del disco. Y por último hay que nombrar a I´m the man who loves you, donde juegan a fondo con el legado de los Beatles: distorsión en las guitarras, solos esquizofrénicos, instrumentos de viento, arreglos dignos de algún unplugged, coros y la honestidad de Tweedy en las letras: ´´but if i could you know i would, just hold your hand and you´d understand´´.
Excelente disco para estas jornadas fresquitas pero con sol a la vista. Aquí les dejo el link para que lo comprueben personalmente, enjoy!
Wilco - Yankee Hotel Foxtrot
miércoles, 8 de junio de 2011
Sarah Vaughan - At Mister Kelly´s
Que bueno es darse cuenta de que para ordenar la casa hay música acertadísima: Sarah Vaughan es posiblemente una de las mejores cantantes de jazz que haya existido en la historia, sin dejar atrás a Billie Holiday o a Ella Fitzgerald. At Mister Kelly´s lo que hace es situar a Vaughan como una de las intérpretes más destacadas del género, teniéndola relajada, en su mejor época y acompañada por tres grandes músicos: Jimmy Jones en piano, Roy Haynes en batería y Richard Davis en contrabajo. Loca por el bebop, se escuchan grandes momentos de improvisación, como en How high is the moon.
Según tengo entendido, la negra Vaughan era bastante nocturna y bebedora. Entre otros excesos se pueden contar el cigarrillo, la marihuana y la cocaína. Evidentemente en At Mister Kelly´s o no tomó nada, o las sustancias no le hicieron efecto o las sabía llevar muy bien. El tabaco si le pasó factura en 1989, justo cuando grababa un disco de duetos con Fitzgerald bajo la dirección de Quincy Jones y la dejó de cama. En abril del año posterior falleció a raíz de un cáncer de pulmón.
La cuestión es que lleno de susurros e improvisaciones, el disco me remonta a lo que cada vez escucho menos: voces fuertes con gran presencia pero basadas en la sutileza y la elegancia. Seguiré ordenando la casa, total son veinte canciones.
Acá el link del disco perfecto para poner cada cosa en su lugar y agasajarse con una copita de vino y cigarrillos. Pero con mesura, chicos. Con mesura.
miércoles, 1 de junio de 2011
Simian - We are your friends
Simian se formó en la Universidad de Manchester. Jaja, que cancheros los kías: se conocen estudiando, tiran todos los libros al fuego y se dedican a la música. Si, que lindo. La cuestión es que la mayoría de la gente conoce a Simian Mobile Disco, banda que se creó luego de la separación de la primera, que se acerca mucho más a la música dance y a remixar canciones de otras bandas.
En We are you friends hay lugar para el dancing pero con tintes rockeros: la banda edita este disco en el 2002 con producción del gran Brian Eno tomando muchas cosas de los noventas: desde Primal Scream hasta The Stone Roses, pasando por los Happy Mondays y la movida del dance/club británico, las canciones cuentan con grandes melodías, baterías pegadizas y sonidos que parecen sacados de una juguetería para adultos melómanos. Si alguien no vio 24 Hour Party People, le sugiero que lo haga para entender un poquito más la movida de esos años en esas tierras.
Con psicodelia popera, electrónica alrededor y varios hits inmediatos, La Breeze, Sunshine y Never Be Alone son pataditas tremendas. The Swarm es emotiva, ranchera y moderna. Muy buen disco, con grandes canciones tal vez sabiendo que la movida iba para ese lado. Hoy varias bandas tienen mucho que agradecerles a los creadores de este disco: Friendly Fires, Phoenix y Passion Pit parecen haber sacado varias cosas de We are your friends.
Sigan ustedes, aquí les dejo el link:
Somos tus amigos - Simian
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